de Leon Arsenal

Ayer, la revista digital allegramag.com estuvo caída durante horas por un ataque informático. La publicación es una iniciativa de la escritora Lucía Etxebarría, orientada a un público sobre todo femenino y comenzó su andadura en este mismo año. Los quiénes o el por qué de tal ataque parecen ser de momento una incógnita. En todo caso, este comentario va más allá del suceso concreto.

Parece que al menos aquí, en España, además del concepto de Nube –ese nuevo entorno digital en el que ya nos movemos, en el que los programas y la información ya no están en nuestros ordenadores y sí dispersos por toda una trama global e interconectada- tendríamos que manejar el de la Atmósfera, para abordar ciertos problemas. Atmósfera social quiero decir, claro.

¿Por qué? Porque esa Atmósfera está en nuestro país enrarecida, por no decir envilecida. Las razones de por qué en el tema Internet la Atmósfera social se encuentra así son muchas. Van desde la falta de pedagogía sobre el asunto a conflictos económicos que han salpicado a la población. Y por medio, de todo un poco. Gurús buscando notoriedad en este campo. Jueces que en lugar de aplicar las leyes juegan a pervertirlas. Ciertos políticos (personas concretas y partidos) que ceden a la tentación de hacer guiños, sea por busca de rédito electoral o por miedo. Organizaciones que dicen defender a los usuarios y que en realidad se han prestado a ser fachada de intereses industriales concretos… En fin, lo dicho. De todo. Se necesitaría un libro entero para hablar de la «guerra sucia virtual» que vive España desde hace años.

He dicho virtual. Virtual, una palabra interesante. Ya el diccionario de la RAE nos indica que se usa a menudo como opuesto a efectivo o real. Su uso no es casual.

Internet es una revolución, comparable a la Revolución Industrial, sus efectos van de lo económico a lo social y lo personal. Ya ha hecho caer gobiernos, de hecho. Ha sido tan radical y tan rápido que nos ha pasado por encima. Exige de los humanos un esfuerzo en cuanto a capacidad de adaptación.

A tal efecto, los entendidos señalan cómo se ha producido toda una transferencia en lo semántico y lo simbólico desde el viejo mundo físico a este nuevo. Por eso usamos palabras tales como alojamiento, sitio o carpeta. Se considera esto un paso natural, una estrategia para desenvolvernos en un medio del todo nuevo sin desorientarnos.

Esa transferencia no se ha dado –al menos para algunos- en otros terrenos. Por ejemplo, en el de la percepción. Virtual. Muchos perciben el «mundo virtual» como algo fantasmal, inconsistente. Para ellos la Red no tiene existencia real. Y si no tiene existencia real, no hay barreras ni frenos.

Así se explica que personas normales en la vida cotidiana se dediquen con soltura y sin remordimientos a mentir, engañar, difamar, suplantar personalidades, acosar a ex parejas o a enemigos. El anonimato protege, es cierto. También es verdad que cuando a ciertas personas en apariencia normales se les quitan los frenos sociales sale la bestia. Lo retrató muy bien Conrad en El corazón de las tinieblas y se constató en las guerras que siguieron a la descomposición de Yugoslavia.

También los hay que saben muy bien lo que hacen. Conocen de sobra los daños que causan el hackeo, la suplantación o la difamación en Red. Justo por eso, a conciencia, los perpetran.

Pero hay otros que no. Carecen de la percepción de Internet como algo real. De ahí que cometan toda clase de delitos en ese ámbito con total inconsciencia. De ahí también su estupor cuando les ponen las esposas y se los llevan ante el juez.

Hay rasgos comunes al cincuentón que se civertraviste de veinteañera en chat, el friki que lanza a la Red virus y algunos de esos necios que hacen barbaridades en las carreteras y cuelgan luego el video en Youtube. Muchos son personas cuyos esquemas mentales no han evolucionado. Para ellos la Red no existe, para ellos ciertos actos en ese ámbito son tan inocuos como fantasear. Pero no es así.

Por eso hablaba del Ambiente, del caldo social. Somos animales sociales, mucho más de lo que nos enseñan la «cultura» oficial. Y el que no se lo crea, lea El experimento Standford. La pedagogía es básica para ir reduciendo el número de vilezas como la que ayer se cometió contra allegramag, y que me ha dado pie para estas líneas.

Y, justo porque el caldo social, la Atmósfera, es clave, justificar, incluso quitar importancia a tales delitos significa alentarlos. Eso, recuérdenlo siempre antes de hacer ciertos comentarios en público. Nos guste o no, la reprobación social es una forma de contener ciertas actitudes. Para los pies a muchos. Y en este caso a lo mejor evita que antes o después algunos –sin duda para su pasmo- acaben en la cárcel.